lunes, 11 de mayo de 2009

¡Sí, es verdad, soy seriefilo!

"¡Recórcholis!, es una nube de polvo cósmico, papá", ésta es una de las expresiones que podríamos reconocer si fuimos niños en los 60 y veíamos la serie familiar 'Perdidos en el espacio'. Pero son muchas otras series de ficción que forman parte de la paleotelevisión, tales como 'Embrujada', 'Los invasores', 'La casa de la pradera', 'Dallas', 'Canción triste de Hill Street', y una larga lista más. Las recordamos con cariño porque nos provocan nostalgia por la niñez y adolescencia, o por una televisión muy diferente a la actual.
Sin embargo, pese a las numerosas críticas que recibe la televisión de ahora -de las cuales compartimos muchas-, no podemos ignorar las nuevas series de ficción y ante ellas, sólo podemos quitarnos el sombrero. La televisión no sólo ha empeorado, sino que también ha mejorado en gran medida y muestra de ello son series de éxito como 'Los soprano', 'Perdidos' o 'Dexter'.
Son muchos los motivos que las hacen ser merecidas de tal consideración, pero la característica más llamativa de las nuevas series es que no tienen ya nada que envidiar al cine. Para muchos cinéfilos, estas palabras sonarán terriblemente injustas, pero las series que disfrutamos ahora parecen recién salidas de un gran estudio cinematográfico y los aficionados al cine no pueden seguir ignorándolo. Recordemos la primera escena de 'Perdidos' en la que el avión se desploma sobre la misteriosa isla: la escena más cara de la historia de la televisión.
Las historias de nuestras actuales series responden a una complejidad narrativa propia de una película o un libro, con múltiples tramas paralelas protagonizadas por personajes nada simplones, con un pasado siempre significativo para la historia. Porque quién se iba a imaginar que los exitosos protagonistas de la nueva ficción serían un psicópata guaperas que lucha contra sus instintos (Dexter), una ama de casa convertida a traficante de drogas para ayudar a su familia (Weeds), una madre que sufre un desorden de personalidad múltiple (United States of Tara), un mafioso que va a terapia (Los Soprano), una familia polígama (Big Love), o vampiros integrados en la actual sociedad gracias a la sangre sintética (True Blood), por poner algunos ejemplos. ¡Las historias son magníficas y los personajes mejores aún!
La nueva ficción hace gala además de nuevas formas narrativas imposibles de entender hace veinte años, pero que ahora nos resultan de lo más comunes y enormemente interesantes, como son los saltos temporales hacia el pasado -flashback- o hacia el futuro -flashforward-. Series como 'Perdidos' o 'Damages' han dejado completamente de lado la sucesión lineal de los acontecimientos, y a los telespectadores nos encanta.
Por no hablar de aspectos más propios de la realización, como son la iluminación, los decorados, la música o la cabecera de las series. La nueva ficción ha abandonado el anticuado estudio televisivo con la iluminación que lo caracterizaba y graba ahora en escenarios propios de un largometraje; también han abandonado las trilladas músicas de acompañamiento para dejar paso a bandas sonoras creadas especialmente para la serie o utilizando canciones de autores reconocidos, sin olvidar las originales cabeceras que poco tienen que ver con aquellas de 'Perdidos en el espacio' o 'Los invasores'.
"Sí, es verdad, soy seriefilo" es una expresión que cada vez oiremos más, porque las nuevas series se lo han ganado y los telespectadores buscamos esa calidad de ficción que nos ofrecen.
MANUELA IRIGARAY PEÑALVO

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