Se nos fue Mario, nuestro Mario Benedetti, como cuando él escribió en referencia al asesinato del Che en 1967. Se ha ido ‘el poeta del compromiso’, como se le ha calificado en muchas ocasiones, el poeta en español más leído después de Neruda, pero sobre todo se ha ido una excepcional persona, que logrará sobrevivir en los demás por lo que ha amado, pensado, escrito y luchado.
Mario se dedicó principalmente a la poesía, pero su creación literaria es enormemente extensa y variada, desde poemas, haikus, obras de teatro, novelas, novelas en verso, ensayos, hasta artículos periodísticos. Mario decía a menudo que su primer compromiso era con la literatura y lo demostró a lo largo de su vida, pero no desde la posición elitista desempeñada por muchos autores hispanoamericanos, sino desde el compromiso con las personas a través de la literatura. Sus temas siempre fueron tremendamente humanos, tratados con la sencillez y sinceridad que exige la realidad descrita al detalle, llamando a las cosas por su nombre, desde esa calidad humana, modesta, sencilla y ética.
Decía de sí mismo que no tenía vergüenza de ser sensible, y José Saramago lo confirma al describir al poeta: “supo hacernos revivir nuestros momentos más íntimos y nuestras rabias menos ocultas”. Porque resulta imposible separar al Benedetti persona de la obra generada. Mario clamaba a la alegría y la esperanza constantemente, a la confianza en el prójimo, al amor y la solidaridad, sin olvidarnos de su ironía y pesimismo en el análisis de la realidad, que florecían a veces. Seguramente porque él mismo se sentía así. Nunca pudo volver a dormir tranquilo, siempre se sintió incómodo pero consiguió aprender a adaptarse. Y tal vez fuera porque su trayecto vital fue original como trágico.
Mario tuvo que exiliarse, varias veces en diferentes lugares: Buenos Aires, Perú, Cuba, Mallorca y Madrid. Gran parte de su obra habla del exilo y del ‘desexilio’, término que él mismo acuñó, y de las causas de esa experiencia traumática: del terrorismo de Estado, de las torturas, de las desapariciones… Mario huía de la muerte que le buscaba, dirigida por las dictaduras militares de Uruguay y Argentina, y pudo salvarse pero pagando un alto precio. En el camino perdió muchos amigos y la intranquilidad nunca abandonó su cuerpo. Sin embargo, pese al miedo y terror vivido, toda su vida continuó defendiendo los mismos valores que la juventud latinoamericana en masa defendiera en los sesenta y setenta. Incluso cuando ya no estaban de moda las ideologías, él siguió defendiendo la justicia social, la paz y la solidaridad. Y esa defensa apasionada de la Cuba de Fidel le impidió seguramente recibir el Cervantes, además de muchas críticas de sus compañeros escritores y de los críticos para justificar una injusta persecución a su obra. Al igual que ahora, después de su muerte, algunos ponen en duda su calidad literaria. Pero Mario siempre demostró una gran humildad y no se dejó ofender ni preocupar por esas críticas vulgares.
Después de la muerte en 2006 de su compañera de seis décadas, Luz López Alegre, y de su amiga la poetisa uruguaya, Idea Vilariño, Mario vivió momentos muy tristes. Todos sabíamos que estaba mayor, que sufría diversos problemas de salud, pero a pesar de estar preparados, nunca sienta bien la llegada de la muerte.
MANUELA IRIGARAY PEÑALVO
Mario se dedicó principalmente a la poesía, pero su creación literaria es enormemente extensa y variada, desde poemas, haikus, obras de teatro, novelas, novelas en verso, ensayos, hasta artículos periodísticos. Mario decía a menudo que su primer compromiso era con la literatura y lo demostró a lo largo de su vida, pero no desde la posición elitista desempeñada por muchos autores hispanoamericanos, sino desde el compromiso con las personas a través de la literatura. Sus temas siempre fueron tremendamente humanos, tratados con la sencillez y sinceridad que exige la realidad descrita al detalle, llamando a las cosas por su nombre, desde esa calidad humana, modesta, sencilla y ética.
Decía de sí mismo que no tenía vergüenza de ser sensible, y José Saramago lo confirma al describir al poeta: “supo hacernos revivir nuestros momentos más íntimos y nuestras rabias menos ocultas”. Porque resulta imposible separar al Benedetti persona de la obra generada. Mario clamaba a la alegría y la esperanza constantemente, a la confianza en el prójimo, al amor y la solidaridad, sin olvidarnos de su ironía y pesimismo en el análisis de la realidad, que florecían a veces. Seguramente porque él mismo se sentía así. Nunca pudo volver a dormir tranquilo, siempre se sintió incómodo pero consiguió aprender a adaptarse. Y tal vez fuera porque su trayecto vital fue original como trágico.
Mario tuvo que exiliarse, varias veces en diferentes lugares: Buenos Aires, Perú, Cuba, Mallorca y Madrid. Gran parte de su obra habla del exilo y del ‘desexilio’, término que él mismo acuñó, y de las causas de esa experiencia traumática: del terrorismo de Estado, de las torturas, de las desapariciones… Mario huía de la muerte que le buscaba, dirigida por las dictaduras militares de Uruguay y Argentina, y pudo salvarse pero pagando un alto precio. En el camino perdió muchos amigos y la intranquilidad nunca abandonó su cuerpo. Sin embargo, pese al miedo y terror vivido, toda su vida continuó defendiendo los mismos valores que la juventud latinoamericana en masa defendiera en los sesenta y setenta. Incluso cuando ya no estaban de moda las ideologías, él siguió defendiendo la justicia social, la paz y la solidaridad. Y esa defensa apasionada de la Cuba de Fidel le impidió seguramente recibir el Cervantes, además de muchas críticas de sus compañeros escritores y de los críticos para justificar una injusta persecución a su obra. Al igual que ahora, después de su muerte, algunos ponen en duda su calidad literaria. Pero Mario siempre demostró una gran humildad y no se dejó ofender ni preocupar por esas críticas vulgares.
Después de la muerte en 2006 de su compañera de seis décadas, Luz López Alegre, y de su amiga la poetisa uruguaya, Idea Vilariño, Mario vivió momentos muy tristes. Todos sabíamos que estaba mayor, que sufría diversos problemas de salud, pero a pesar de estar preparados, nunca sienta bien la llegada de la muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario