jueves, 23 de abril de 2009

UN DÍA EN EL NORTE CON VETUSTA

Sábado 18 abril, 7.00 de la mañana en Avenida de América de Madrid, autobús ALSA directo a Bilbao con parada en Burgos.
Doce del mediodía llegamos puntuales a nuestra cita en la ciudad vasca. Desde la estación de autobuses el cielo parece despejado. Partimos hacia la expedición turística; frente al famoso Guggenheim las típicas fotos y de vuelta a caminar. Breve recorrido por el casco histórico, donde nos sorprende la numerosa masa de aficionados vestidos para la ocasión: no, no era para nuestro concierto, sino para la actividad nacional, el fútbol, pues esa tarde el Atlétic jugaba contra el Depor. Nos saciamos con bastantes pinchos y nos ponemos en marcha hacia Portugalete, donde se encuentra la pensión.
Pensión Santa María nos sorprende por ser una casona de finales del XIX, muy hermosa por fuera y limpia por dentro.
Duchados y arreglados partimos hacia nuestro objetivo del viaje en la estación Bolueta, pero nos sorprende descubrir que la sala de conciertos se encuentra en medio de un fantasmagórico polígono industrial. Sin embargo, nos sorprende más, e incluso irrita, esperar para escuchar a nuestro grupo y ser pacientes con los teloneros. La sala es amplia y está repleta de fans.
Por fin a las 21’30 salen nuestros chicos y empezamos a disfrutar, aunque un poco cansados y bastante hambrientos. La audiencia indie se relaja finalmente escuchando al madrileño grupo ‘Vetusta Morla’, que no visitaba Bilbao desde la primavera pasada, cuando eran sólo unos desconocidos y ahora han venido como auténticos protagonistas del panorama musical español. Allí estaban: batería, percusión, dos guitarras, bajo y Pucho, el cantante.



Para una fan de Vetusta el concierto resultó espectacular como todo lo que hacen, pese a que el cantante tuvo algún problemilla para llegar a tonos muy agudos, seguramente porque habían arrasado la noche anterior en un concierto en Toledo. También el batería tuvo algún problema con uno de los micrófonos, pero en general ningún inconveniente de gravedad.
Los chicos de Vetusta tocaron todas las canciones de su disco, “Un día en el mundo”, más una sorpresa llamada “Vida no hay mucha”. Es decir, dieciséis canciones que supieron deliciosamente al público. La peculiaridad de los Vetusta se basa principalmente en la voz de Pucho, muy especial, con mucha fuerza. Ellos nacieron en la cuna del pop alternativo patrocinado por Radio 3, pero después de estos nueve años juntos han conseguido descubrir otros caminos musicales que amplían su repertorio. La percusión, por ejemplo, se ha convertido en un elemento importante en canciones como “La cuadratura del círculo”.
Los madrileños consiguen completar aforos allá por donde pisan. En la ciudad que les vio nacer, por ejemplo, tenían organizado un concierto para el 1 de mayo, pero la venta de entradas fue tan exitosa que se han visto obligados a ofrecer el 30 de abril también. ¡Madrid disfrutará de ellos durante dos días!
Estos chicos que hace apenas un año se autoproducían su disco y se organizaban ellos sus conciertos, tienen ahora gente que les regula y coloca las guitarras, además de poseer el “Premio Ojo Crítico 2008” en la categoría de Música Moderna de RTVE y “Los Guilles” por mejor directo pop, otorgado por la “La Noche en Vivo de Madrid”.



Los Vetusta tuvieron el mismo éxNegritaito que siempre en el directo con la canción “Valiente”, donde la gente nos volcamos de lleno en disfrutarla, al igual que con “Saharabbey Road", la canción que utilizan siempre para despedirse, en la que el público participa con coros y ellos dan las gracias a los diferentes colaboradores y por supuesto al público. En un guiño de simpatía hacia sus compañeros, Pucho invitó a los teloneros a despedirse mientras todos jugaban a ser baterías.
Y así de repente el concierto se terminó, no tuvimos otra opción que irnos. Había sido grandioso y nos retirábamos con el buen sabor en los labios, planeando cuando podríamos volver a verles.

MANUELA IRIGARAY PEÑALVO

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